La serpiente y el girasol.

Luego de ser desterrada de la tierra y la razón
Una serpiente apurada con un tronco tropezó.

– ¿Quién eres hermana mía, por qué apuras el camino?
¿Vienes tentando al destino con astucia y osadía?

– ¡Cállate tronco caído, tú no metas la nariz!
Que voy cumpliendo el destino que me impuso un infeliz.

– No es astucia ni osadía  lo que te trajo hasta aquí
¿Ahora culpas al camino que escogiste para ti?

– No te he visto, lo lamento, pensé venían tras de mí.

– No hay problema, lo comprendo. No soy tronco, soy raíz.

Siguió atenta la serpiente, sobre su pecho arrastrada,
Pero se supo caliente por la tierra que abrasaba…

– ¿Por qué la tierra se agita cuando mi lomo acaricia?
Para mí es una delicia sentirla tan calentita.
Pero la espalda me quema ¡Ya no aguanto las escamas!
Porque mi cuerpo se envicia cuando la tierra me llama.

Y por amor a la tierra y por dolor en su espalda
Se escondió bajo las piernas de un monito que pasaba

– ¿Qué tu quieres? – Dijo el mono, a la serpiente ocultada

– En la tierra yo me escondo, ¿qué yo quiero? Quiero nada.

– Búscate entonces un hueco, ve debajo de una piedra,
Huye del sol que te alumbra y piérdete mi mirada.

– Yo soy buena en la penumbra, me llaman la enemistada
Seguiré bien tu consejo, con mi lengua bifurcada.
Mentiré si alguien pregunta sobre mi humilde morada
Les diré “vivo en un hueco” aunque esté ante su mirada.

Siguió el mono su camino, cual si no pasara nada
No le importaba el destino de una víbora enterrada.

Iba acumulando flores que encontraba por ahí
Le gustaban los olores, el color y el frenesí.

– Cuántas flores tan hermosas – meditaba para sí
Entretenido en sus formas, entre la rosa y jazmín.
Y hubo reunido ya tantas que cultivaba un jardín
Entre su pecho y su espalda, entre barriga y nariz.

– Oye mono distraído, me estás tapando la luz,
ya no ves ni el recorrido por jugar al avestruz.
¿O es que no lo quieres ver, por ir cargado de flores?
Cuidado en tantos olores se te pierde la cabeza
Que más puede la pereza, que el volver a recorrer.

– ¿Eres flor entre las flores o eres un entrometido?
-Dijo el monito sin ver al vecino que se cruza-
¿Qué no ves que voy a pasos por llevar llenas las manos?
¡Que no me alcanzan los brazos de tantas flores que llevo!
Yo no soy como esa ilusa que no oculta ni los huevos
Y que esconde la cabeza cuando algún evento acusa.

– No la juzgues -dijo el otro- si no sabes de valores
Que aunque estés lleno de flores, no te lucen como blusa
Ten cuidado con tus pasos, mira bien lo que hay que ver
Que el que del poder abusa, está perdiendo el poder.

Y asomando la cabeza, nuestro amigo mono vio
Que era una flor quien le hablada, era un bello girasol.

– ¿De qué te sirven los ojos si ya no alcanzas a ver
la flor que está iluminada, ni el camino a recorrer?

Y viendo una flor tan bella, el mono no resistió,
Arrojose encima de ella y del tallo la tomó…
Soltando cientos de flores, saltando hacia el girasol
Arriba brilló un estrella, abajo nada brilló.

Pero una serpiente oculta, disfrazada de raíz
Le hundió al monito dos puntas que adornaban su nariz.

– Te dije, buen consejero, que no te confíes de mí,
Que quien tiene doble lengua siempre se esconde de ti.

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