Sobre hábitos y límites.

Escuchando a Rupert Sheldrake, científico que sustenta la idea de los campos mórficos, surgen inevitablemente varias ideas (producto de las conexiones y relaciones que el cerebro establece automáticamente entre una idea actual y una almacenada).

Este es el texto (extractos) de una “conferencia de Rupert Sheldrake” y sus campos mórficos.

La idea de la resonancia mórfica tiene un número enorme de implicaciones y todas son bastante impactantes desde el punto de vista científico convencional. La primera y mayor de ellas es que las llamadas leyes de la naturaleza pueden ser más como hábitos.

Hábito en su 2da. acepción es el “modo especial de proceder adquirido por repetición de actos semejantes, u originado por tendencias instintivas.” Por hábito entendemos las costumbres que repetimos casi inconscientemente, de forma cotidiana en nuestra vida. Es como una “memoria del cuerpo y de la mente”.

Un “tic“, por ejemplo, es un hábito, un impulso electroquímico que recorre una ruta específica formada por neuronas que se conectan. Mientras las neuronas se conectan más veces usando las mismas rutas, estas rutas se “fijan”. Es lo que pasa cuando practicamos un movimiento específico para un actividad (deporte, trabajo, rutina de baile o de vida, etc.) la repetición es la que crea en el cuerpo un hábito, es decir la capacidad para moverse “dentro” de una forma específica. El aprendizaje -desarrollo- de esta capacidad se incrementa con la repetición del movimiento de manera consciente, guiado por la atención, para que la energía del organismo (intención, tensión, impulso -neurotransmisores, ruta neuronal, comunicación celular- y acto) sigan siempre el mismo camino hasta aprehender el movimiento, de manera que es integrado por el cuerpo y asimilado por el inconsciente, quedando disponible para futuras acciones, decisiones o la formación de nuevos hábitos.

También se comprenden los hábitos desde una perspectiva más “clásica” con el estudio de Pavlov sobre los reflejos condicionados, los instintos, y su perro que babea al escuchar la campana. Está también Kohler y su estudio con primates sobre comportamiento animal, y la capacidad de ciertos animales para actuar de forma “inteligente”, es decir de integrar viejos hábitos para crear nuevos hábitos a fin de alcanzar nuevos objetivos. Pero estos estudios nos llevarían más bien a la “ruptura del hábito”, ya que nos acercan hacia cualidades consideradas específicamente humanas: la inteligencia y la voluntad.

Volvamos a la idea de hábito… Tenemos hábitos instintivos y hábitos por repetición.

El hábito instintivo nos “encadena” a nuestra condición más animal y material; nos condiciona en el espacio y está ligada al tiempo, a la evolución, al desarrollo, al crecimiento, al pasado y al estado físico de nuestro cuerpo, a la naturaleza.

El hábito por repetición tiene que ver con nuestra historia natural, personal, con la identidad, con los pensamientos que retiene la mente, las actividades que realizamos, consciente e inconscientemente, y que van modelando un collage de hábitos específicos (físicos y mentales) que -junto con los instintivos- conforman al individuo.

Las leyes de la naturaleza no están todas fijas, pueden evolucionar. Una de las implicaciones de esto es que todas las especies, incluidos humanos, recurren a la memoria colectiva. Cada individuo recurre a la memoria colectiva y contribuye a ella.

Esta “memoria colectiva” a la que se refiere Sheldrake recuerda al inconsciente colectivo de Jung, ese “lenguaje común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo”. Por cierto, la idea del “rizoma” sirve de buena analogía para graficar la historia de una ruta neuronal dentro del cerebro, aunque quizás más adecuada sería la imagen de una tormenta eléctrica.

Otra implicación es que la memoria ordinaria trabaja por resonancia mórfica, no está almacenada en tu cerebro, tu cerebro es más como un receptor que sintoniza con memorias a través del tiempo.

Esto es completamente novedoso, sugiere la capacidad del cerebro para comunicarse -o recibir información- de manera no convencional (como el lenguaje o los sentidos) sino por “resonancia mórfica”,  una especie de campos, patrones o estructuras de orden que organizan el universo desde su inicio, a través de su evolución, hasta este preciso momento. Dice nuestro autor: “Es una especie de memoria de la naturaleza, basada en la similitud, y se aplica a átomos, moléculas, cristales, organismos vivos, animales, plantas, cerebros, sociedades y también planetas y galaxias.”

Espero mostrar que estas son ideas científicas que llevan a una forma completamente nueva de mirar a la naturaleza. La idea de que las leyes de la naturaleza son fijas es una idea muy antigua, se remonta a la antigua Grecia. En el siglo XVII los padres fundadores de la ciencia moderna Kepler, Galileo, Copérnico, Newton, todos creían que esa ciencia estaba en el tema de descubrir las leyes matemáticas eternas de la naturaleza que eran ideas en la mente de Dios. Estaban más allá del espacio y el tiempo porque no eran materiales, porque eran parte de la Naturaleza Divina.

Rupert sigue intentando mostrar a la comunidad científica su teoría, pero la mayoría de científicos aún no están muy dispuestos a ver lo que se les muestra, se resisten a sus ideas; e incluso ante la posible evidencia probable, prefieren su propia convicción.

Un reconocido científico, también biólogo, ha tomado la batuta del lado de “la resistencia” dentro de la comunidad científica: Richard Dawkins, autor/creador de la idea de “memes” y del “gen egoísta”.

Pero dejemos en suspenso los campos mórficos, y veamos otro aporte que intenta hacer Sheldrake a la ciencia, al postular (quizá inspirado en un relato bíblico, o ante la visión del fantasma de Sagan) los Diez “Dogmas de la Ciencia” Moderna:

  1. Todo es esencialmente mecánico. (Dawkins afirma que somos robots ambulantes).
  2. La materia es inconsciente y misteriosamente se vuelve consciente en el cerebro humano.
  3. El total de materia y energía es siempre el mismo.
  4. Las leyes de la naturaleza están fijas.
  5. La naturaleza no tiene propósito, todo sucede al azar.
  6. Toda la herencia biológica es material.
  7. La mente está dentro de la cabeza y no existe nada más que actividad cerebral.
  8. La memoria está almacenada como trazo material en algún lugar del cerebro.
  9. Los fenómenos inexplicables como la telepatía son ilusorios.
  10. La medicina mecanista es la única que funciona.

Éstos serían, según el científico Rupert Sheldrake, los límites ideológicos que impiden que la ciencia avance con mayor libertad y agilidad hacia un mejor conocimiento del Universo y de nosotros mismos.

¿Qué tan dispuestos estamos a replantearnos estos -y otros- límites? ¿Hasta qué punto nos condiciona el pasado, la memoria, los instintos, nuestros pensamientos? ¿Tenemos realmente el poder de cambiar hábitos, crear nuevas rutas, o estamos limitados a nosotros mismos, a lo que ya somos o creemos ser?

Para ver el video de la conferencia de Rupert Sheldrake conecta aquí.
Para ver la transcripción completa, aquí.

Por ahora, quedan resonando las palabras de Gandhi, a manera de gotas que caen en un estanque…

Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se harán hábito.
Cuida tus hábitos porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter porque formará tu destino, y tu destino será tu vida…

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One Comment to “Sobre hábitos y límites.”

  1. He estado leyendo atentamente tu blog y quiero felicitarte sinceramente, por la idea de colgarlo de internet y por sus contenidos.
    Me sorprende la creatividad de que haces gala y, como padre, me llena de íntimo orgullo.
    Te confieso que no comprendo ciertos aspectos que se me antojan oscuros o al menos, poco claros, pero al mismo tiempo alabo tu manejo del lenguaje, de las ideas y sobre todo de la musicalidad de los segmentos poéticos y el uso de las rimas. Es evidente que estás cumpliendo con esos inteligentes preceptos de Gandhi acerca del cuidado que se debe tener sobre los pensamientos, las palabras, los actos y los hábitos, a más de que te estarías convirtiendo en una especie de moderno Esopo. Eso no es poco decir en tiempos en que la fábula zoológica no está muy de moda.
    Me queda la satisfacción de que hemos sembrado en ustedes la mejor semilla, que es la de la educación, que será sin duda una herencia que no se puede dilapidar, como en cambio las materiales.
    Te deseo y vaticino un futuro promisorio como pensador libre que además, tiene el valor de expresar sus ideas para quien quiera oírlas, ya sea en el aplauso o la confrontación.
    Saludos,
    tu viejo.

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