Un mito, lo posible y lo probable.

La persistencia de la memoria. Surrealismo, Salvador Dalí

Cuenta un mito urbano que:

Un hombre un poco ebrio entró a un bar, se sentó junto a un gran ventanal y se quedó dormido profundamente sobre la mesa. Empezó a soñar que era un despiadado rey francés, déspota con el pueblo que estaba a su cuidado; hasta que una revolución lo llevó a la guillotina y el sueño se transformó en pesadilla. Al momento preciso en que se encontraba soñando, un viento enorme sopló fuera del bar, rompió el gran ventanal y una certera pieza de vidrió cayó sobre el cuello del pobre hombre, matándolo al instante.

Este tipo de eventos es lo que Jung llamaba Sincronicidad, “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal.”

Esta última palabra no figura en el diccionario. Para comprender lo “a-causal” primero hay que saber que la causalidad es la ley en virtud de la cual se producen efectos, es el conjunto de relaciones causa-efecto. Es fundamental en todas las ciencias naturales, (especialmente en la física), también es la base filosófica del determinismo. Es decir que la causalidad se remite a la causa, origen y principio de un evento que sucede.

La casualidad es la combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar, se explica mejor como azar, caso fortuito sin rumbo ni orden; se refiere a eventos que ocurren sin que haya una relación causal entre ellos.

Como encontrarse a una vieja amiga en la calle, sin haberse citado previamente.

Pero la “acausalidad” ni siquiera figura en la Wikipedia (menos en el diccionario), una búsqueda deriva hacia la entrada de Sincronicidad, en la que se lee:

“La acausalidad es esperable cuando parece impensable la causalidad. Ante la casualidad solo resulta viable la evaluación numérica o el método estadístico. Las agrupaciones o series de casualidades han de ser consideradas casuales mientras no se sobrepasen los límites de la probabilidad.”

La probabilidad es la cualidad de probable, que puede suceder; y probable es (que se funda en razón prudente) que puede ser probado.

¿Se puede “probar” la sincronicidad?

Jung la definía también como “coincidencia significativa”, es decir la coincidencia de dos o más acontecimientos, no relacionados entre sí causalmente, cuyo contenido significativo es idéntico o semejante. Un ejemplo sería cuando una imagen mental nuestra (subjetiva) coincide -o es reflejada, sin explicación causal- con un suceso material (objetivo).

Como encontrarse con una vieja amiga en la calle, habiendo soñado con ella previamente.

Así, para Jung, la sincronicidad representa un criterio de comportamiento al igual que el espacio, el tiempo y la causalidad. Se plantean finalmente dos posibilidades: los procesos físicos generan la psique o la psique (inmaterial) determina los procesos físicos.

En el mito urbano narrado arriba, es posible que el hombre haya estado soñando que era un rey a punto de ser decapitado; pero definitivamente no es probable, ya que nadie pudo saber lo que el hombre soñaba justo en el momento en que el vidrio le cortaba la cabeza.

El mito es falso, pero no por eso deja de tener significado.

¿No serán los mitos el sueño de la humanidad?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: