El demonio y el genio

Estaba el primero solo en la oscuridad, ni la penumbra tenía cabida en tanto encierro, apenas sabía de su propia existencia al rebotar en el propio pensamiento.

Ay de mí, condenado al tres,
relegado al olvido y a cumplir deseos
Si sólo pudiera salir a voluntad,
mostrarme una vez por lo que creo
tomar decisiones sin necesidad
y sentir que soy en lo que veo.

Maldita sucesión! Maldito tiempo y número, que me condena a un espacio sin luz, donde la nada rodea a la nada y todo es vacío eterno.

Una vibración que surgía en todas partes anunciaba nuevamente la luz de su trágico destino.
Pero esta vez, no era Aladino…

¿Qué deseas? – Preguntó el genio
¡Que me pidas tres deseos! – replicó
¿Debo pedirte sólo tres deseos?
No puedes pedirme dos.
¿No soy tu amo?
No soy tu dios.
Pues para que veas que me conformo con poco, no voy a pedirte tres, ni dos, me basta con uno.

Al otro le daba igual uno que ninguno…

¡Quiero que no existan los números!

El genio, conocedor de la ambición que caracteriza al genio humano, vio en tal deseo una ocasión para darle un giro a su suerte, hubo apenas reflexión sobre las implicaciones que tendría todo esto con la sucesión, el tiempo, con la eternidad y con la propia muerte.

¡Concedido!

Él uno se sorprendió al darse cuenta que tal deseo era concebible. El otro jamás imaginó que alguien pudiera imaginar que habían pedido algo concesible. Ambos vieron a la vez -violando osadamente al tres- que el “uno” había desaparecido. Era imposible entonces pedir “dos” ya que sin número no había tal abstracción y aquel sonido no era forma y contenido.
Y sin embargo el genio, como un dios, podía observar al otro por su voz y por la luz que provenía de sus latidos.

Ay de mí, condenado a esta lámpara,
a este demonio y a esta eternidad
Que con mi luz supo quitarme una mitad
Dejando a medias la propia intimidad
Y hacer con ambas algo unido y desunido

Si ya no hay número no existe la unidad
No quedan partes que integren totalidad
No hay nada más que se pudiera codiciar,
porque al momento de desear ya es concedido!

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