Episteme

Sábado, 5 de julio. 12:30

Salgo a fumar un cigarrillo después de haber tomado un vaso de agua y haber comido previamente dos wantan, me paro en el marco de la puerta de mi oficina y empiezo a experimentar un extraño calor dentro de mi cabeza. Noto que la luz del día es más intensa que de costumbre y que extrañamente los vidrios de mis lentes están más limpios que nunca. Entonces empieza la sensación…

Noto que todo está en perfecta armonía, los ruidos y las imágenes llegan de todas partes y mi mente empieza a absorverlos: motores, viento, movimiento, llantos de un bebé que probablemente es mi hija, la gente pasa y los veo con una mirada nueva, son ellos, la madre posa suavemente su mano sobre un  pequeño en señal de protección al cruzar la calle, a lo lejos pasan carros de todos los colores, al mismo tiempo escucho y siento en mi pecho mi corazón latiendo fuerte, el aire entrando a mis pulmones y a la vez no pierdo detalle del ruido de las llaves que acaban de caer del bolsillo del hombre que se bajó de su camioneta, a mi izquierda un árbol apenas se mueve con todas sus hojas tocadas por el viento que viene del mar, siento la tela de mis pantalones que rozan dentro de mis piernas y el humo del cigarrillo que se disuelve arriba mío, trato de pensar pero no puedo, sólo sigo observando. Desde mi derecha aparece el vecino de al frente que tiene un laboratorio y me saluda gentilmente, le devuelvo el saludo sin perder detalle de todo lo que me rodea y sigo ahí, presente, consciente de que soy y a la vez dejo de ser. Y noto que somos una especie que se ha desarrollado como cualquier otra pero ha creado la moto, los cables, el casco que protege su cabeza, la pasión por la patria, otra de sus creaciones. Trato de registrar la experiencia y me regreso a buscar la cámara para tomar fotos de todo lo que observo, abro el cajón y veo lo mismo que veo todos los días pero con nuevos ojos, el cable está encima de ella, un montón de revistas y papeles que están desde hace tiempo, cumpliendo su desorden. Empiezo a escribir la experiencia y poco a poco la sensación desaparece…

¿Será el efecto de la grasa de las frituras mezcladas con el alquitrán y la nicotina dentro de mi cerebro? O de verdad experimenté algo? Recuerdo que la única vez que tuve esta sensación fue hace algunos años, pero frente al infinito horizonte de la playa de San José, nunca pensé que podría repetirse involuntariamente parado entre el caos de mi trabajo y el caos de la ciudad… existe realmente ese caos? La experiencia fue real, más real que cualquier otra que haya experimentado en los últimos años y fue aquí, ahora, hace 20 minutos, nada ha cambiado, tan sólo mi forma de percibirla.

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De fondo, en la mente, sonaba esta canción: http://www.youtube.com/watch?v=LoQYw49saqc . Luego llamé a esa parte de la mente “el que canta”.

sanjose

La primera experiencia fue en la playa de San José, duró quizás menos de un segundo.

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