La (re) presentación de una idea…

El pequeño niño observaba al caballero sentado en el árbol de al frente, la disposición de su imagen era como el reflejo de un espejo. El niño, juguetón, intentaba imitar los movimientos contrarios que realizaba su mayor opuesto.

Lo había seguido desde el momento que salió de la academia, con unos papeles a cuestas, como siempre; el mismo día que en la mañana lo viera con aquel interesante triángulo de cristal grueso, creador de arco iris humeantes.

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El juego, sin embargo, empezaba a tornarse aburrido; el caballero sentado al frente no hacía más, desde hacía rato, que rascarse la cabeza, mirar al cielo y acomodarse el cabello. Esto para un niño es evidentemente aburrido.

Pero de repente dio un brinco (dice asegurar que él primero que el caballero), era una manzana que desde el mismo árbol había caído.

El caballero la miró fíjamente, luego el niño (después del ruido). El niño volvió a su juego, miró al niño el caballero.

El hombre salió corriendo, giró y luego, también corrió el niño; y el niño perdió su juego cuando el juego lo hubo perdido…

beat-singularity

Al rato el pequeño observador creció y no tuvo más que observar sus propios pensamientos, para perderse en juego divino. Recordaba y, por recuerdo, también recobraba al niño.

Nunca supo porqué el juego lo perdió, si el era adivino. Imitaba en todo momento el movimiento del vecino, hasta que una manzana cayó estremeciendo el destino.

– ¿Qué había pensado el señor cuando viendo en su camino que el mismo árbol que dio la sombra que en su destino, le diera tan grande don con aquel fruto caído?

Porque si el hombre corrió -abandonando su juicio- debió ser porque vio -en hueco de sus prejuicios- que alguna idea surgió dentre sus luces y oficios.

Mas yo, más pequeño yo, que de otro fruto nació, que con prejuicios creció y que vive de sus oficios. Me preguntaba:

– ¿Qué dios -si acaso existieran dos- en arbolito escondió tan violento sacrificio?

Ahora yo, más viejo y maduro yo, me pregunto ante mí Dios:

– ¿Es sólo humano artificio?

bigapplebang

¡¿Cómo el maestro Isaac no iba a salir corriendo a mostrar a los demás aquella manzana que casi parte su cabeza?! ¡La manzana era verde! – Pensó el niño.

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